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martes, 1 de enero de 2019

RODRIGO GIMÉNEZ DE RADA, ENFRENTADO CON EL OBISPADO DE CUENCA, SE NIEGA A RECONOCER LAS JUSTAS FRONTERAS DIOCESANAS. (1210-1232).


Niceto Hinarejos Ruiz

PRECEDENTES

1-Obispado de Albarracín:
Con la decisión del arzobispo de Toledo, don Cerebruno, de consagrar en 1172 obispo de Albarracín a don Martín se da validez a una estrategia tan arriesgada como fraudulenta. A la formación de un estado cristiano independiente entre los reinos de la Corona de Aragón y de Castilla siguió la instauración de una diócesis independiente de Zaragoza y, ante el impedimento de no poder fundar nuevas diócesis durante la reconquista, se pretendió identificar la capital de este señorío con la primitiva sede visigoda de Arcábrica.
 Pedro Ruiz de Azagra, Señor de Albarracín, y don Cerebruno desatendieron al papa Adriano IV que, el 22 de  junio de 1158 desde Sutri, apoyándose en la Hitación de Wamba, confirma para la iglesia de Zaragoza “a la iglesia de Albarracín”.[1]  Tampoco tuvieron en cuenta que Alfonso II de Aragón, en 1166, siendo todavía tierra irredenta, había entregado la iglesia de Albarracín al obispo de Zaragoza “para poseerla cuando fuera arrebatada al poder sarraceno”[2]. Desobedecieron, también, en enero de 1172, al papa Alejandro III que desde Brescia pidió la entrega al obispo de Zaragoza de las iglesias de Santa María de Albarracín, “a las que este obispo tenía derecho”[3]. E insiste el papa Alejandro III a Pedro Ruiz  queque tener santuarios de Dios no está permitido a los laicos y porque este obispo tiene derecho a ellas”[4].
Sólo con el apoyo de rey de Navarra don Cerebruno, Arzobispo Primado de Toledo, y Pedro Ruiz de Azagra adjudican la iglesia de Albarracín a la metropolitana de Toledo queriendo representar sin razón la sede de Arcábriga. Tan sin razón, que este nuevo obispado, en 1176, lo hacen llamar diócesis Segobricense.…”secundum anticuas divisiones regís Bambe ad Secobricensem sedem pertinere”[5].
Pedro Ruiz de Azagra sólo se reconocía vasallo de Santa María. Por lo que el paso de la dominación árabe al dominio cristiano tuvo para las tierras de Albarracín una solución tan audaz como única en toda la Reconquista española con repercusiones graves  en  la región, tanto en la cuestión civil como en la eclesiástica.
2.- Obispado de Cuenca
La repercusión y las consecuencias negativas del proyecto llevado a cabo en Albarracín se pondrían de manifiesto cuando, tras la conquista de Cuenca en 1177, el papa Lucio III  mediante dos Bulas, una dirigida a Alfonso VIII y otra a su primer obispo Juan Yáñez, en 1182, crea la diócesis conquense queriendo unir los obispados visigodos de Arcábriga y Valeria en uno sólo con sede en Cuenca. “Lucius, episcopus, servus servorum Dei, nostro in Xto. filio A. illustri regi Castellae, … quod conchensem civitatem… ut archabricensis et valeriensis episcopatus auctoritate apostolica in unum reducti”[6]                   
“Lucius episcopus, servus servorum Dei, dilecto filio Johanni, conchensi electo … lunatites statuimus ut arcabricensis et valeriensis episcopatus in unicum reducti”[7]

Desde este momento la decisión del pontífice iba a estar condicionada por la confusión y el doble error cometido en Albarracín de pretender identificarse con Segóbriga y atribuirse -porque no había otros- los límites de Arcábriga. A los intereses del Azagra y a las manipulaciones del primado don Cerebruno, que sirvieron de fundamento a la creación de la diócesis de Albarracín y de excusa al incumplimiento de los deseos del papa Lucio III en relación al territorio aplicado a la diócesis de Cuenca se uniría más tarde el mecenazgo de don Rodrigo Giménez de Rada, arzobispo y primado de Toledo sobre Albarracín enfrentado con don García, tercer obispo de Cuenca (1208-1225) y negando al obispado de Cuenca unos territorios que en verdad le correspondían.

3.-Cañete
Inmerso Cañete dentro de la jurisdicción civil y eclesiástica del Señorío de Albarracín, Martín, su primer obispo, nombró un arcediano, Anselmo, que, sin dejar de ser canónigo de la Iglesia de Santa María, regía la iglesia de Cañete. Atento el rey de Castilla, después de su avance entre el Júcar y el Cabriel y de afianzar en 1185 su conquista en la parte más meridional, quiso dejar claro al señor de Albarracín que Cañete le correspondía. Y, así, el 9 de abril de 1187, mediante una carta firmada en Uclés y actuando como soberano de la zona, “concede a Dios y a la iglesia de Santa María de Cuenca y a toda la comunidad de canónigos presente y futura el diezmo del portazgo[8] y de las salinas[9] del castillo que se llama Cañete para ser tenidos para siempre con derecho hereditario”[10].
Esta actitud del monarca castellano obligaría al obispo y al Capítulo de la iglesia de Albarracín a revisar el tema de la jurisdicción eclesiástica, apremiada por el obispo de Cuenca. Y dos años más tarde, el 7 de noviembre de 1190, en una reunión celebrada en Uclés “con la presencia del rey, del conde Sancho, del conde Pedro, del señor Tello y de Fernando Ruiz de Azagra es leída la carta donde obispo Martín de Albarracín, bajo el título de Segobricense, de acuerdo con su Capítulo y ante las numerosas declaraciones de los antiguos y el claro testimonio de los modernos, declara estar seguro de que la iglesia de Cañete y todas las iglesias de su territorio están orientadas y pertenecen por derecho diocesano al episcopado de Valeria y, por consiguiente, a la iglesia de Cuenca.”[11]
El obispo Juan Yáñez, ante esta seguridad jurisdiccional, hace uso de la concesión que le otorgó Alfonso VIII en Cañete y entrega, el 16 de enero de 1195,  para vestuario de los canónigos de Cuenca la mitad del diezmo de todas las iglesias de Cañete y de su término, los diezmos del portazgo, de las quintas y de las salinas de Cañete (hoy en Salinas del Manzano)[12]. Alfonso VIII da mayor consistencia a la separación de Cañete de la Iglesia de Albarracín el 10 de septiembre de 1195 fortaleciendo el privilegio concedido a Cañete que garantizaba la mitad de sus diezmos que fueron concedidos ocho meses antes a la iglesia de Santa María de Cuenca y renovándole la entrega del diezmo del portazgo, de las salinas y de las quintas al obispo y al Capítulo de canónigos [13]. .Años más tarde, el 26 de enero de 1207, el santo obispo Julián, del mismo modo que su antecesor entregó una mitad de los diezmos de Cañete al Capítulo de canónigos, le entrega la otra mitad restante para que los disfruten en su totalidad.
Así fue cómo, según los documentos catedralicios, Cañete quedó incorporado a la diócesis de Cuenca después de que Alfonso VIII se proclamara soberano de esta plaza retenida por el Azagra y consolidara el reino de Castilla en su parte más oriental hasta las riberas del Cabriel como frontera: hasta donde lo permitían las treguas establecidas con el rey moro valenciano. Con la cesión de la jurisdicción de Cañete al obispo de Cuenca en 1190, alegando que en su día perteneció a la primitiva jurisdicción de Valeria, se aclararon en gran parte los límites entre las inveteradas Arcábriga y Valeria y se sentó un valiosísimo precedente histórico que tendría que servir de norma. Porque, “si las numerosas declaraciones de los antiguos y el claro testimonio de los modernos afirman que la iglesia de Cañete y todas las iglesias de su territorio están orientadas y pertenecen por derecho diocesano al primitivo episcopado de Valeria” y la Hitación de Wamba cita a Alpuente también como perteneciente a Valeria, se establece, en consecuencia, el eje Cañete-Alpuente como divisoria: al Norte Arcábrica, al Sur Valeria.
4.- El rio Cabriel, frontera de Castilla
              Alfonso VIII, tras conquistar Cuenca y llegar hasta Alarcón, debido a los pactos y alianzas contraídos con los árabes, paró sus conquistas en las riberas del río Cabriel. Pedro II, rey de Aragón, entra por el Norte en el verano de 1210 y conquista El Cuervo, Castielfabib, Ademuz y Serreilla. “…quando divina gratia cooperante cepimus castrum de Daymuz et castellum Habib et castellum quod dicitur Lo Corvo et castellum quod dicitur Serrella”[14].

“Pedro II, después de haber firmado la paz con Navarra, recibe un préstamo de Sancho el Fuerte de 20.000 marcos en Monzón y entró en la frontera valenciana y conquistó tres plazas: Ademuz, Castielfabib y Sertella y se continuó hasta ser servido don Pedro de Monteagudo. Coincidiendo con esa incursión Alfonso VIII puebla Moya. El Miramamolín le envió embajadores para protestar por la violación de las treguas, que aún no habían expirado, pero el castellano las desoyó y por ambas partes se precipitó la guerra”[15].



DON RODRIGO GIMÉNEZ DE RADA EN ACCIÓN

Nos encontramos con el hecho relevante de que, entre todos los castillos de los Límites de Daroca, sólo El Cuervo, Castielfabib, Ademuz y Serreilla se ven nuevamente beneficiados con los mismos privilegios con que fueron enriquecidos en su día por R. Berenguer IV[16]; clave para juzgar y determinar su peculiaridad e interpretar todos los acontecimientos posteriores e, incluso, podría explicar las actuaciones y las exigencias territoriales del arzobispo primado de Toledo, Rodrigo Giménez de Rada, que, inmediatamente después de esta conquista, conocedor de que el papa Celestino III, antes nuncio de Alejandro III en España, había concedido a Pedro II de Aragón y a sus sucesores el derecho de repartir las iglesias de las tierras conquistadas, pide al rey aragonés la adjudicación de estos castillos conquistados con sus mezquitas, diezmos, primicias y oblaciones a la diócesis de Albarracin. Pedro II se la concede para que sean ocupados, tenidos y poseídos para siempre. Cinco meses después de la conquista, don Rodrigo Giménez de Rada los incorpora a la Iglesia del Señorío independiente de Albarracín (11 de abril de 1211) “…damus vobis domino Roderico venerabili per eandem Archiepiscopo Toletano et vestris successoribus in perpetuum ecclesias de Serreilla et de lo Corvo et de Pinna de Jahya cum mezchitis et Xecimis et primitiis et oblationibus in pace episcopo ecclesie Sancte Marie de Albarracini habendas et tenendas ac perpetuo possidendas libere et quiete…sub Era M CC XL nona. Anno Domini M CC undecimo [17].
Esta campaña del rey aragonés aviva los sentimientos de Alfonso VIII  que, incumpliendo sus compromisos, decide poblar Moya y abrirle oficialmente la puerta de la Historia con el consiguiente enfado del rey moro valenciano Çeyd Abuceyd.
Don Rodrigo Giménez de Rada, en 1219, movido por la Carta Apostólica de Inocencio III en la que pedía conducir al rey de Castilla, a ejemplo del rey de Aragón, a participar en la guerra contra los sarracenos[18], tras su asistencia al Concilio de Letrán en 1218, donde es nombrado Legado Pontificio para la Cruzada en España, ante la vuelta al poder sarraceno de los últimos castillos conquistados por Pedro II de Aragón,  lleva a cabo su proyecto personal conquistando de nuevo Serreilla y después los castillos de Santa Cruz y Mira[19]; finalizando su campaña con una severa derrota en el intento de conquistar el castillo de  Requena.
“El Arzobispo de Toledo,  don Rodrigo,  fizo Cruzada  è ayuntó entre peones è caballeros mas de ducentas veces mil è entro á terra de moros de part de Aragó dia de san Matheus Evangelista, è priso tres castiellos Sierra, Serreilla è Mira. Después cercó Requena dia de San Miguel è lidiaronla con almajaneques è con delibra è derrivaron torres è azitaras è no la pudieron prender è murieron mas de dos mil Christianos è tornaronse el dia de San Martin. Era MCCLVII”[20]
Resulta significativo que el arzobispo en esta campaña prescindiera de El Cuervo, Castielfabib y de Ademuz y sólo reconquistara el castillo de Serreilla, dando así un cambio crucial a la común trayectoria de estos tres castillos desde 1142. Dada la ambición del arzobispo don Rodrigo, hubo de existir alguna razón jurisdiccional muy importante para excluir a los restantes[21]. La única razón lógica pudo ser la dudosa jurisdicción de Serreilla que, incluida en la zona de treguas, separándola de Ademuz y de Castielfabib, la excluyera de la jurisdicción aragonesa; circunstancia que facilitaba la actuación de sus tropas en la zona, saliendo de Albarracín.




Don Rodrigo Giménez de Rada, aún con el sabor agridulce de su derrota en Requena, hace alarde de reparto preferente, de aversión al obispo de Cuenca e interés por el obispo de Albarracín al que entrega las iglesias de estos castillos conquistados y reclama para el mismo obispo los derechos diocesanos de la villa de Moya, sus frutos y expensas desde nueve años antes  y no más; es decir desde 1211. “…restitutionem sibi fieri juris diocesani in villa que dicitur Moya et in terminis suis cum fructibus inde perceptis a novem annis  et citra”[22]
Igual que la renuncia del arzobispo a la reconquista de Castielfabib y de Ademuz en 1219 sólo se justifica por la aportación de nuevas razones de jurisdicción o de soberanía, distintas a las de Serreilla, la reclamación de Moya se explicaría por la convicción del arzobispo de que la naciente villa estaría dentro del ámbito o jurisdicción de Serreilla y, como tal, incluida también en la entrega a Albarracín en 1211[23].
El obispo de Cuenca, don García, apoyándose en el Bula papal de Lucio III que pretendía unificar en uno sólo los límites de los obispados de Arcábriga y Valeria para formar el de Cuenca con los términos de los dos, podía exigir lo que por asignación pontificia le correspondía. Pero, el asentamiento de la diócesis de Albarracín sobre territorio arcabricense y el haberle adjudicado Serreilla en 1211, Santa Cruz y Mira, en 1219, claramente en tierras de Valeria, quitaban a la diócesis de Cuenca parte de unos territorios que le pertenecían, de los que el obispo García pretendía recoger sus migajas al reclamar “para nos y nuestras iglesias una parte de los frutos y expensas”[24], reduciendo sus exigencias sólo a esa parte de Valeria asignada a Albarracín en 1211 y a esta otra parte asignada por el arzobispo en 1219.
 El arzobispo, lejos de acceder, quiso afianzar esta entrega a Albarracín recabando el apoyo del papa Honorio III, que respondió nombrado a un tribunal que se encargara de delimitar y definir los territorios de las primitivas Arcábriga y Valeria[25], lo que suponía marcar las lindes de las iglesias de Albarracín y de Cuenca y decidir sobre los derechos diocesanos sobre Moya, que el arzobispo también reclamaba al sentirse expoliado por el obispo de Cuenca.
Juicio de Burgos
Don Rodrigo Giménez de Rada  consigue reunir en Burgos al tribunal encargado de dilucidar estas dos cuestiones. Se reúnen por primera vez el día de la vigilia de San Gregorio (24 de mayo de 1220) en la antigua iglesia visigoda de Santa María, que meses antes había servido para la celebración del matrimonio entre el rey Fernando III y Beatriz de Suabia y que, un año más tarde, iba a ceder su solar para la construcción de la nueva catedral. No pudo estar presente el obispo García en esta primera sesión, alejado por un impedimento canónico: “canonicum detentum impedimento”[26]. Sí estuvo su canónigo, Gonzalo Pérez, que iba a desempeñar el cargo de procurador del obispo y del Capítulo conquenses, quien alegó falta de abogado, “porque en todo el reino de Castilla, ya sea por reverencia o por poder del señor arzobispo de Toledo, ni pagando ni suplicando se pudo conseguir, aunque muchas veces se había buscado”[27].
El arzobispo Rodrigo Giménez de Rada manifestó muy prematuramente ante el tribunal su descontento con el obispo conquense “por haber suscitado la celebración de este proceso, por las muchas incomodidades que ocasiona y por haber provocado la excitación de los ánimos del rey, de la reina y de personas ilustres; por lo que debía ser castigado con penas canónicas y con la rigurosa prohibición de que en adelante intente algo semejante” [28].
Y, echando mano a aquel 11 de abril de 1211 en que Pedro II entrega a la diócesis de Albarracín las iglesias de El Cuervo, Castelfabib, Ademuz y Serreilla,  exhibiendo sus derechos de conquista por su campaña de 1219 y presentándose como víctima de un “expolio realizado en Moya por el obispo de Cuenca desde 1211”, don Rodrigo reclama la consolidación de estos territorios para la iglesia de Albarracín.
Esta primera sesión, que sirvió únicamente para asentar reclamaciones, la cerró el arzobispo proclamando su superioridad sobre los derechos expresados por el procurador del obispo de Cuenca y manifestando que “sólo él tenía derechos para añadir o quitar”: clara humillación pública al obispo conquense. “Adjecit et premissis petitionibus quod solum esset sibi jus addendi et dividendi”[29].

En la segunda sesión, el obispo de Cuenca no concedió legitimidad al arzobispo para pedir la restitución del derecho diocesano en la villa de Moya y le reprochó  “haber sustraído a los abogados y haberles incitado a inclinarse a su favor con amenazas, ruegos y de otras maneras que podría explicar y demostrar si le concedían el tiempo suficiente para hacerlo”:…cum idem post aliam sesionem quae habita fuit dominica qua cantatur letare Jerusalem sibi substraxit advocatos per minas et per preces et modis aliis quibus potuit quos in praesenti non poterat explicare et ad hoc probandum inducias postulabat“[30]  .
El obispo García estaba interesado sobre todo en la delimitación de las diócesis y así pidió al arzobispo toledano que fijara en toda su extensión las lindes de estos dos obispados. A lo que el arzobispo se negó a responder. “ Respondit dominus toletanus quod hoc facere non tenebatur[31].
El obispo de Cuenca, preguntó al arzobispo qué obispado era aquel que fue concedido al obispo de Cuenca por la indigencia de sus rentas. Pero el arzobispo también se negó a responder: “Item peciit conchensis episcopus certificari per dominum toletanum quis fuit ille episcopatus quem consensu fuit conchensi episcopo tenere propter tenuitatem redituum. Respondit dominus toledanus quod ad hoc respondere non tenebat” [32].

No accedió el procurador conquense a las intenciones del arzobispo de comprometer a su Capítulo en esta cuestión y así respondió al arzobispo: “Como en el documento del señor Papa no se hace mención al Capítulo, éste no debe ser citado ni debe responder a esta cuestión y por lo mismo debía ser condenado el arzobispo a ser gravado y afrontar los gastos pertinentes. “…cum in rescripto domini Pape non fieret mentio de Capitulo nec ipsum Capitulum citari debuerat nec in causa ipsa  respondere tenebatur”[33].
El obispo reta al arzobispo a mostrar las cartas en las que su Capitulo toledano manifestaba la aceptación y conformidad con esta causa; respondiendo el arzobispo  mostrando unas cartas cuyos sellos pendientes estaban rotos y sus letras eran ilegibles: ”exhibuit quasdam litteras cum sigillo fracto”[34].
El desconcierto creado ante la evidencia de los sellos rotos sobre el documento de su Capítulo fue aprovechado por el arzobispo con postura inalterable para reclamar los derechos sobre Moya. A lo que el obispo respondió: …“Comunico que el señor arzobispo de Toledo nunca tuvo Moya ni de “jure ni de facto” y si por casualidad probara que la poseyó, cosa que no creo, presentaré recurso de expoliación y de engaño, lo que probaré en el tiempo oportuno”.
A lo que el arzobispo gritó (clamavit): “Facta est litis contestatio!”[35] 

Se crea una comisión
Durante una semana el debate se había reducido a un enfrentamiento personal entre Rodrigo Giménez de Rada y el obispo de Cuenca dejando claro sólo aquello que el arzobispo exigía, pero no sus razones. De aquí que el Tribunal considerara oportuno, el uno de junio de 1220 concluir las sesiones y nombrar una Comisión formada por Mauricio, presidente del Tribunal y obispo de Burgos, el Maestro Vela, arcediano de Palencia, y el Maestro Aparicio, sacristán de Burgos, avalada con promesas, buenas intenciones y fianzas pecuniarias que aclarara “sin alboroto judicial”, fundamentara y resolviera las dos cuestiones: la de los límites diocesanos y el tema de Moya[36].

El 30 de septiembre de 1221, festividad de San Andrés, 16 meses después,  Rodrigo Giménez de Rada, sin esperar el dictamen de la comisión, entrega en feudo a su primo Gil García de Azagra los castillos de Serreilla, Santa Cruz y Mira[37] dejando claro que los consideraba propios por derecho de conquista y, por lo mismo, de su libre determinación tanto civil como religiosa
La decisión de Fernando III de ensalzar a Moya traspasando a esta villa los privilegios que Alfonso VIII concediera a Cañete en 1195[38],  inquietó a don Rodrigo que poseía toda la jurisdicción de las tierras comprendidas entre el Cabriel y el Turia excepto Moya. Y así reanudó la reclamación de su derecho diocesano sobre Moya ante el papa Gregorio IX, muerto ya el obispo conquense don Lope, del que no tuvo oposición porque el arzobispo le había exigido, antes de ser ordenado obispo de Cuenca, fidelidad, obediencia y respeto a la iglesia toledana y a sus rectores [39] y al que su Capítulo, amenazado por Gregorio IX con censuras eclesiásticas, consideraba demasiado condescendiente con el  arzobispo[40].





Ego Lupus conchensis ecclesiae nunc ordinandus episcopus subiectionem et fidelitatem et reverentiam et obedientiam a sanctis patribus constituta secundum constituta canonum ecclesiae Toletanae rectoribusque ejus in presentia domini archiepiscopi Roderici perpetuo exhibiturum promitto et super sanctum altare propria manu confirmo.

Ego G. Deanus conchensis subcribo. Ego R.   Opte Archidiaconus subcribo. Ego G.
Alarchoni archidiaconus subcribo.
[.......................]






En marzo de 1227, tras la muerte de Honorio III, Giménez de Rada quiso conseguir que el nuevo papa Gregorio IX aprobara sus reivindicaciones sobre Moya.
Pese a su reciente nombramiento, el pontífice demuestra ser conocedor de la situación y del largo conflicto entre el obispado de Cuenca y don Rodrigo y, lejos de acceder a la demanda del arzobispo, nombra al obispo de Tarazona, don García Frontín[41], juez pontificio que, por delegación papal y sin demora debería de resolver, no sólo la cuestión de los derechos diocesanos de Moya, objeto de su recurso, sino también la delimitación de los términos de las diócesis de Cuenca y de Albarracín, lo que suponía un gran revés al quedar invalidado el feudo entregado a Gil Garcés y la adjudicación de sus iglesias a la diócesis de Albarracín.







El papa ordena al obispo de Tarazona convocar a las partes, atender a todo cuanto quieran proponer y obligar con la autoridad papal a cumplir la decisión canónica que se adopte. … audiatis quae partes duxerint proponenda et quod canonicum fuerit appellatione postponita statuatis facientes quod statueritis auctoritate nostra firmiter observari”[xlii].
Solamente contamos con la información que nos ofrece el documento de la catedral de Albarracín del 21 de abril de 1232, firmado y confirmado por Rodrigo Giménez de Rada y por Domingo, obispo de la diócesis de Albarracín, citando a las iglesias de Tormón, Cuervo, Castiel, Ademuz, Vallanca y Santa Cruz para ser tenidas por el obispo de Albarracín, después de la ordenación y delimitación de los dos obispados”.  Post ordinationem praedictam noviter adquisitis, videlicet, de Tormon, Corvo, Castiel, Ademuz, Vallanca et Sancta Cruce et de ecclesiis in posterum dante Domino adquirendis  vel noviter populandis”[xliii].
Documento semejante falta en el archivo de la catedral de Cuenca y tampoco hay referencias del mismo en Toledo; motivo por el cual no sabemos más detalles del
 reparto ni las razones por las que Santa Cruz siguió en la diócesis de Albarracín, aunque con algunas restricciones





[1] A.C.Zaragoza, sig. A, leg. 1, nº. 7                                                                                                                                 
[2] Almagro M., HISTORIA DE ALBARRACÍN, 1956, T. III, Vol. 2,  pp. 105—106
[3] Cartulario Mayor de la Seo de Zaragoza, doc. Xl
[4] Ibidem.
[5] ibidem.
[6] Arch. Cat. Cuenca, I. Caja 1, nº 1
[7] Arch. Cat. Cuenca, I. Caja 1, nº 2
[8] PORTAZGO: era un antiguo impuesto de naturaleza indirecta, existente en los reinos da Castilla, Aragón y Navarra que podía gravar los derechos de tránsito, que satisfacían los que iban de camino, pisaban terreno del rey o del señor o entraban en la ciudad.
[9] Hace referencia a las salinas Fuente del Manzano, alrededor de las cuales surgió más tarde el actual caserío de Salinas del Manzano.
[10] Arch. Cat. Cuenca, I., Caja 1, nº. 9
[11] Arch. Cat. Cuenca, I., Caja 1, nº 13
[12] Arch. Cat. Cuenca, I., Caja 1, nº. 23
[13] Arch. Cat. Cuenca, III Inventarios, leg. 13,  fol. 11 y 12   
[14] A.C.A. Cancillería, carp. 64, doc. 370
[15] HUICI MIRANDA AMBROSIO, Historia Musulmana de Valencia y su Región. Tomo III, pág. 208.   
[16] A.C.A. Cancillería, reg.309, fol. 59v. 60r.
[17] Arch. Cat. de Albarracín, leg. 1, fol. 1486. Pinna Jahya  es una arabización  de Castiel Fabid  cuyas iglesias como las de Ademuz también entregó Pedro II al obispo de Albarracín. Cabe señalar que el documento está firmado en Agreda el 11 de abril de 1211. La fecha queda muy bien determinada y no da lugar a dudas al indicar “Era MCCXLIX, Anno Inc. Domini 1211”. La Era supone 38 años más. Hay autores que se arriesgan a distinguir entre “ab Incarnatione Domini” y “a Nativitate Domini En este caso, al indicar Era y Año no caben personales ni raras teorías e interpretaciones.
[18] Arch. Cat. de Toledo  A.6.U.1.11. Divini altitudo… Bula Honorio III, febrero 1219.
[19] Arch. Cat. de Toledo E.12 O 1-3
[20] Anales Toledanos, I, pág. 400: Los ANALES TOLEDANOS son crónicas populares de noticias muy escuetas escritas en castellano por autores anónimos que abarcan la historia del Reino de Toledo desde el nacimiento de Cristo hasta principios del siglo XIV. Fueron publicadas por primera vez en 1721, cinco siglos después de ser escritas, e incorporadas a la España Sagrada en 1767, Tomo XXIII.  Muchas veces ocurre que la literalidad de sus textos no se ajustan a la realidad histórica, sobre todo, en lo relacionado con las cifras exageradamente aumentadas. Pero la exageración de sus cifras es no es motivo suficiente para negar unos hechos históricos y bien documentados.
[21] A.C.A. Perg. Jaime I, nº 373. Castielfabib y Ademuz volvieron al poder árabe y permanecieron hasta 1229, año en que fueron cedidos a Jaime I por Çeyd Abuceyd.“…qui sint de Aragonia, generosi ac naturales nostri, quos vos eligatis, duo, videlicet, castra: castrum Fabib et Daymuz, qui ea teneant in fidelitate per nos et per vos”
[22] A. Catedral de Cuenca, I. Caja 1, nº 6
[23] Arch. Cat. Cuenca, III Inventarios, leg. 74, nº 13, fol. 44r-45r
[24] Arch. Cat. Cuenca, I. Caja 3, nº. 8
[25] Arch. Cat. Cuenca, I. Caja 3, nº .6
[26] Arch. Cat. Cuenca, I. Caja 1, nº 2
[27] Arch. Cat. Cuenca, III, Inventarios. Leg. 74, nº 13, fol. 44r-45r
[28] Ibidem
[29] Ibidem
[30] Arch. Cat. Cuenca, I. Caja 3, nº 6
[31] Ibidem
[32] Ibidem  
[33] Ibidem 
[34] Ibidem    
[35] Ibidem  
[36] Arch. Cat. Cuenca, I., Caja 3, nº 8
[37] A.C.T.   E.12 O 1-3  
[38] Arch. Cat. Cuenca, I.  Caja 4, nº. 6
[39]Cat. de Toledo. X.1.E.1.1
[40] Arch. Cat.  Toledo, X.1.E.2.8  Cum omnia membra…..
[41] De 1172 a 1254 la saga Frontín acaparó la lista de obispos de Tarazona: Juan Frontín, 1172; García Frontín I, 1195, participó con Pedro II en la campaña de la conquista de El Cuervo, Castielfabib, Ademuz y Serreilla en 1210;  García Frontín II, 12191254, sobrino del anterior, nombrado por el papa Gregorio IX árbitro mediador de la resolución del conflicto entre Cuenca y Albarracín. O lo que es lo mismo: entre el arzobispo Giménez de Rada y el obispo García.
[xlii] Ibidem. Cat. de Toledo: I.4.N.1.18  Significavit vobis
[xliii] A. Cat. de Albarracín. El archivero reside en Teruel  y no facilita copia del documento original, sólo una transcripción en latín sin referencia.


martes, 20 de noviembre de 2018

LAMENTO POR EDIFICIOS PERDIDOS EN LA CIUDAD DE CUENCA


SOS PATRIMONIO CONQUENSE manifiesta al  ayuntamiento de Cuenca su malestar por la demolición de edificios sin haber tomado medidas para su conservación y protección.

Con tristeza, en estos últimos días en los medios de comunicación de la ciudad de Cuenca, leemos sobre la demolición de varios edificios en el centro urbano. El situado en la calle de los Tintes esquina con c/Fray Luis de León,  el de calle José Cobo 6 o el de Paseo de San Antonio 4, todos ellos, en mayor o menor medida poseedores de un cierto valor patrimonial para la arquitectura conquense.
En el catálogo de bienes y espacios protegidos que se elaboró para el Plan de Ordenación urbana de 2006 (versión de Julio de 2008) encontramos al edificio de paseo de San Antonio 4, junto con su vecino del número 2, a los que se otorgaba una protección de carácter ambiental. También el edificio de c/ José Cobo 6 aparecía en este catálogo, en este caso con una protección parcial. En el caso del edificio de la calle de los Tintes, este se encuentra dentro del ámbito del Plan Especial del Casco Antiguo y sus Hoces, con un nivel de protección IV (sobre 7).
Con ello no queremos indicar que no se haya procedido legalmente al conceder las licencias pertinentes para su demolición, pero si queremos hacer constar nuestro malestar ante la falta de medidas que hubieran permitido su conservación.

Vivienda en Paseo San antonuo nº 4.Cuenca

Ese Catalogo de Bienes y Espacios Protegidos, al igual que el resto del POM, no llego a ser aprobado, por lo que los edificios que aparecían en él no recibieron esa protección. Al comprobar los bienes catalogados en 2008, hemos visto que en estos últimos diez años han desaparecido, al menos, otros tres inmuebles de la ciudad incluidos en dicho documento. Estos desafortunados edificios fueron los situados en Paseo de San Antonio 6, con protección ambiental, en avenida Castilla-La Mancha 18 y el del Instituto Nacional de Meteorología, con protección parcial en estos dos últimos casos. Más suerte tuvo el cerramiento del Parque San Julián, incluido en este catálogo con protección integral (el máximo nivel),  cuya eliminación recientemente se propuso y que gracias al clamor popular pudo ser frenada.
Por ello y ante futuras situaciones que pudieran derivar en la perdida del patrimonio arquitectónico conquense, hacemos un llamamiento a que se pongan todos los medios posibles para que se de protección a los bienes inmuebles de valor patrimonial situados más allá del límite del casco histórico, teniendo lo antes posible un nuevo Catalogo de Bienes y Espacios Protegidos, o habilitando hasta su aprobación una modificación puntual del Plan General vigente que establezca protecciones a este patrimonio.
Finalmente, pedimos a las distintas administraciones que dentro de sus competencias hagan a los propietarios de los edificios protegidos más fácil su conservación, por medio de ayudas especificas para su mantenimiento, o con reducciones de impuestos tales como el IBI o el de construcciones en el caso de obras de rehabilitación que permitan mantener los valores que generan su protección.


Edificio de viviendas en Calle cobo nº 6 .Cuenca.
Edificio en Paseo San Antonio nº 6.Cuenca.

Parque de San Julian.Cuenca


Instituto Nacional de Meteorología.Calle Cañete.Cuenca.






viernes, 9 de noviembre de 2018

LOS VECINOS DE NARBONETA Y S.O.S PATRIMONIO CONQUENSE DENUNCIAN EL DESASTRE ECOLÓGICO COMETIDO POR LA ÚLTIMA EMPRESA EXTRACTORA DE CARBON EN EL VALLE DE LAS MINAS DE HENAREJOS

El tema de la Cuenca minera de Henarejos ya lo tratamos en este blog  en una entrada relizada por Jose Saiz Valero y Mariano  López Marín y publicada con fecha 26-4-2018 en la que ya comentábamos el desastre ecológico cometido  en la misma por la ultima empresa que sacó carbón.

Ahora recogemos la  denuncia formulada por los vecinos de Narboneta y nuestra asociación S.O.S. Patrimonio Conquense  por los destrozos causados   en el Valle de las Minas de Henarejos y recogida por la Tribuna de Cuenca .Muchas gracias a Jonatan López por este trabajo


La noticia sobre las Minas de Henarejos en la Tribuna de Cuenca (3 y 4 de Noviembre).(Fin de Semana 3 y 4 de Noviembre de 2018) pág. 20 y 21.Reproducimos aqui esta noticia 


JONATAN LÓPEZ / HENAREJOS 



DESASTRE ECOLÓGICO


“Los vecinos de Narboneta y S.O.S Patrimonio Conquense denuncian los destrozos causados por la última empresa extractora de Carbón en el Valle de las Minas de Henarejos
                                         Fotografía gentileza de la tribuna de Cuenca.Gracias.

Dicen los expertos que una catástrofe o desastre en el medio ambiente natural es provocada por la alteración del ecosistema durante largo tiempo. Las malas prácticas, los destrozos causados por la mano del hombre pueden desembocar y tener un efecto grave para la vida humana, que terminará por abandonar el lugar y migrar hacia otro sitio. Ese podría ser el caso de las Minas de Henarejos, un paraje de alto valor ecológico de esta parte de la provincia, en la Serranía Baja, que hoy se ha convertido en una escombrera. Bajo la tierra y el carbón amontonado está sepultado el rico patrimonio que atesoraba el paraje, varias entradas a las minas subterráneas y las viviendas construidas para los obreros de dos de sus barrios. Edificaciones sencillas, pero de alto valor, que fueron construidas con el estilo arquitectónico obrero de la época. SOS Patrimonio Conquense, la asociación que vela por los bienes de la provincia, acusa a la última empresa que extrajo hulla -no hace muchos años- de haber destruido el paisaje minero, el patrimonio cultural, etnográfico e industrial y de privar a sus vecinos y visitantes de un entorno «inigualable». El desastre ecológico es «un atentado contra el patrimonio, imperdonable para los descendientes de este lugar y sus familiares». 
Los expertos aseguran que la zona «es única», del Carbonífero Superior
LA HISTORIA DE LAS MINAS. Los expertos aseguran que el pequeño afloramiento de la zona minera de Henarejos «es único» por aquello de pertenecer al Carbonífero Superior y estar situado en el centro de la península. Los romanos ya las explotaron y extrajeron plata, pero fue a fina-les del siglo XIX cuando se comenzó a sacar carbón. La calidad y cantidad era tal que a principios del siglo XX se construyeron hasta tres barrios -de abajo, de arriba y nuevo- que alojaron a cerca de 300 personas hasta la década de los 60. Eran familias jóvenes que decidieron que aquel era un buen sitio para criar a sus hijos y ganarse el pan. El Valle de las Minas, como así se llamó, contaba con bares, cuartel de la Guardia Civil, economato, horno, lavadero y hasta un colegio para los niños. Los mineros provenían en su mayoría de Henarejos, Narboneta y de la comarca, aunque también llegaron especialistas de Andalucía y Asturias. Y es que la naturaleza del carbón y la situación hizo que en distintos periodos se recurriese a este yacimiento para proveer a las tropas del Gobierno de la República -durante la Guerra Civil-, se dedicase a extraer combustible para la construcción del embalse de Benagéber (Valencia), o se hiciera uso de él para las locomotoras del tren que cubrían la línea Aranjuez-Utiel. De hecho, cuentan las crónicas que la estación más próxima, la de Enguídanos, se construyó lo más cerca posible para facilitar el transporte del mineral. Incluso se pensó en levantar un ramal que partiera de la propia línea y atravesará las minas en dirección a Teruel. En los 60 se dejó de extraer. Las empresas creyeron que ya no era rentable sacar carbón y los vecinos de los barrios fueron poco a poco volviendo a sus casas o, en algunos casos, migrando hacia tierras de Cataluña y del Levante. Eso sí, en años siguientes se sucedieron varias contratas para explotarlas, pero la incidencia fue mínima. Hubo extracciones desde 1983 a 1989 y otras que culminaron en 2002, a cielo abierto. Las minas pasaron a ser explotadas en el año 2009 por la empresa leonesa Emergicar, que en los años siguientes se dedicó a la extracción del carbón hasta 2014. Las máquinas movieron las tierras, sepultaron los barrios del sur con montones de tierra y grava, arrasaron con la vegetación y dejaron gran parte de la hulla y el carbón amontonado. También se realizó un enorme socavón de más de ocho metros de profundidad que acumula una gran cantidad de agua de lluvia, de los barrancos y de las fuentes próximas. La localidad más próxima a las minas, Narboneta, sufre las mayores consecuencias de este desastre ecológico. Los caminos han quedado intransitables, el arroyo que pasa por las minas arrastra el carbón y, cuando llueve torrencialmente, deposita el barro negro en la localidad. Otro problema añadido es el miedo que tienen los vecinos a que pueda producirse un incendio en el área, pues la dificultad para acceder complicaría las tareas y la extinción podría llegar a ser muy laboriosa. 


                                  Fotografía gentileza de la Tribuna de Cuenca.Gracias
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JUDICIAL: La empresa que introducía droga oculta en el carbón.
Emergicar, la empresa dedicada a la compraventa de carbones que explotó las minas de Henarejos, fue condenada por la Audiencia de León hace justamente dos años. La sentencia responsabilizaba al administrador de la sociedad, J.M.R.M. del concurso de acreedores que había llevado a la ruina a la compañía dedicada a la compra-venta de carbones y que ejercía como principal suministrador de ArcelorMittal. Uno de los contenedores de Emergicar que llegó al puerto de El Musel de Gijón fue interceptado por la Guardia Civil que decomisó en noviembre de 2014 —año en que Emergicar abandonó la explotación de Henarejos— 295 kilos de cocaína. J.M.R.M. acabó encarcelado. Dos años después, los vecinos de Narboneta aseguran que «ya está en la calle». Por su parte, el Ayuntamiento de Henarejos -en cuyo municipio se encuentra el conjunto minero -indica que ha pedido responsabilidades por el destrozo ecológico y asegura que ha judicializado el asunto ante los tribunales. 

RECOGIDA DE FIRMAS. La empresa que tuvo la explotación «era una tapadera. Aquello quedó abandonado, sepultaron las viviendas históricas y nadie les pidió responsabilidades», explica María Asunción Genovés, vicepresidenta de la Asociación Cultural y Patrimonial Arnacheros de Narboneta, que desde el verano recoge firmas en papel con el propósito de denunciar la grave situación. Genovés, miembro de SOS Patrimonio Conquense, afirma que el colectivo considera que «la acción que se ha cometido es un delito contra el medio ambiente. Además de haber modificado el cauce original del arroyo de las Minas, se han alterado por completo el régimen de caudales y con ello las condiciones biológicas e hidromorfológicas del dominio público hidráulico, por no hablar de la desforestación». «No hay vergüenza», dice José Sahuquillo, uno de los vecinos de Narboneta, quien comenta que «estuvieron cambiando tierra de un lugar para otro. ¿Qué pasaba? Traían drogas de Sudamérica en medio del carbón, hasta que los pillaron. Desaparecieron de aquí y dejaron todo hecho polvo». El residente, que llegó a trabajar en una de las minas, recuerda que el ambiente «era estupendo. Toda la gente se llevaba muy bien, hacían bailes los domingos, era todo muy familiar y se estaba divinamente. Ahí estuve trabajando y después hice la mili en la mina de Sánchez. Estaba esa», prosigue, «y la de un tal Portolés, que se llevaba muy bien con Franco y tenía el despacho en Camporrobles. Se cerró porque no era rentable». Cree que aún hay carbón de buena calidad para extraer, pero el problema es que «por ahí no puede pasar un camión ni nada». 
Miguel, propietario del único bar de la localidad, asegura que uno de los empresarios de compañía extractora llegaba algunas noches «acompañado de varias mujeres, e invitaba a todo el mundo». Del entorno de las minas asegura que «está todo destrozado. Han enterrado todas las casas. Una pena. Aquello era una maravilla, con varios manantiales de agua buena, pero llegaron estas empresas y cambiaron el polvo negro por polvo blanco»

Reproducción de las paginas de la Tribuna de Cuenca donde aparece este excelente trabajo.Muchas gracias.


                    Cartel existente a la entrada de las minas.Todo ha quedado sepultado.Foto Jose Saiz Valero.


Distintas vistas de las Minas de Henarejos.Jose  Saiz Valero.